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Muestra sobre ilustradores científicos
Hasta el 29 de mayo inclusive, se podrá visitar en la Sala Víctor de Pol del Museo de La Plata.
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Muestra sobre ilustradores científicos

Hasta el 29 de mayo inclusive, se podrá visitar en la Sala Víctor de Pol, una muestra que propone un recorrido histórico de la ilustración científica y sus referentes, organizada por la Fundación del Museo de La Plata.

Entre los expositores actuales figuran María Cristina Estivariz, Julia Rouaux, Nélida Caligaris, María Alejandra Migoya, Samanta Faiad, Luis Pagano, Laura Blanco, Manuel Copello, Manuel Sosa, Martín Colombo, Natalia Bogado, Hugo Calvetti, Mariela Theiller y Carlos Tremouillies.

Las obras de dibujantes históricos están representadas por los trabajos de Nilda Malacalza, Margarete Von Büllow, María Angélica Moreno Kiernan, Ángel Cabrera, Adolfo Methfessel, Carlos Andrés Tremouilles, Federico Carden, Teresa Cabrera y Roberto Cei.

El arte de dibujar la ciencia

La ilustración científica es una disciplina que combina ciencia y arte en partes iguales, y a pesar de los modernos métodos de registro visual que existen en la actualidad, es una profesión que se mantiene vigente y es considerada fundamental en el trabajo de los investigadores.

El Museo de La Plata tiene su propio gabinete de Ilustración Científica que a través de más de 100 años de historia acompaña y complementa las actividades de investigación desarrolladas en los numerosos laboratorios de la institución.

Son cientos, miles de dibujos hechos a mano, con diferentes técnicas artísticas pero con un solo e importantísimo fin: registrar en detalle los objetos, materiales, herramientas y especímenes provenientes de los estudios arqueológicos, antropológicos, botánicos y biológicos, entre otras especialidades, que son llevados a cabo día a día en el Museo.Si bien está mediada por la práctica artística, la ilustración científica es una profesión compleja y con estrictos códigos, cercanos al dibujo técnico y cartográfico, de acuerdo a las normas IRAM por un lado, e Incluyendo referencias de técnicas, posición de la luz y del material a representar, por otro. 

Su aparición está vinculada al surgimiento del estudio de la naturaleza y al desarrollo de las ciencias desde el siglo 15, en los ejemplos de  dibujos anatómicos y botánicos como complemento en el avance de la medicina y la farmacología, acompañando los progresos en instrumental óptico  y de reproducción de imágenes mediante la invención de la imprenta en el Renacimiento Europeo. Asimismo, experimenta su etapa de oro con el desarrollo de los viajes de descubrimiento y el naturalismo de los Siglos 17 al 19.

Bajo la premisa de que la imagen aporta mucho más al conocimiento que la palabra misma, o por lo menos ofrece un enfoque simplificado para su interpretación, la ilustración es científica cuando se concentra en representar detalladamente no solo a un objeto, sino a las plantas, animales o fósiles.

La intensa colaboración y diálogo entre investigador y artista logra con éxito complementar un trabajo cuando este último incorpora conocimientos básicos de lo que debe ilustrar y es, esencialmente, un tipo de comunicación que acompaña al Museo desde sus orígenes.

La ilustración en el Museo

 

“La ilustración científica forma parte del  uso del Lenguaje plástico y la comunicación visual, hasta abarcar el código de cada disciplina del estudio de la naturaleza. Son imágenes que acompañan, complementan y aclaran el material científico”, explica Samanta Faiad, Licenciada en Artes Plásticas y encargada desde el 2013 de la especialidad en el Museo de La Plata.

Básicamente, la ilustración de este tipo “es una actividad que surge por las necesidades inherentes a la práctica del investigador y que no existe sin éste, porque debe estar siempre acompañada por un texto científico, ya que si se presenta sola sería simplemente un dibujo descriptivo o naturalista”, aclara Faiad.

La idea de “bajar un conocimiento al papel, transformarlo en algo visual con el máximo posible de detalle y simplificación, son los paradigmas que acompañan a la profesión del ilustrador científico”, y todos estos puntos son condiciones exclusivas que resultan fundamentales para la divulgación del conocimiento en la mayoría de los casos.

Comprender la ciencia a través de la imagen dibujada –dice la ilustradora-, “ayuda a interpretar la complejidad de ciertas estructuras biológicas o revelar detalles de objetos arqueológicos que quedan fuera del alcance, tanto del ojo inexperto que se encuentra fuera del campo científico, como al mismo investigador experimentado y especializado. Muchos ilustradores han ayudado a determinar e identificar la taxonomía de especies gracias a la minuciosidad en la observación y en el diálogo posterior con el científico, para poder representarlo adecuadamente”.

“Hoy en día hago ilustraciones de cualquier División o Instituto que dependa de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo, utilizando principalmente tinta china, plumín, estilógrafos y punteras, y desde que comencé, realicé casi 40 láminas completas y alrededor de 130 ilustraciones individuales para lugares tan distintos como ictiología, botánica, paleontología de invertebrados, archivo histórico o la biblioteca”, cuenta Faiad, que también utiliza para su trabajo elementos tecnológicos modernos como computadoras, software específico y escáneres.

Breve historia de una disciplina

El Gabinete de Dibujo e Ilustración Científica del Museo de la Plata nace en  1927, “cuando ingresa al Museo un inmigrante francés, Carlos Hipólito Tremouilles, para cumplir diversas tareas gráficas tales como tipografía, caligrafía, Dibujo y fotografía”, dice Faiad.

En un principio, Tremouilles alternó tareas tanto en publicaciones como en colaboraciones con las salas de exhibición, siendo reemplazado luego de su muerte por su hijo Carlos Andrés.

Formado en la Escuela Superior de Bellas Artes, Tremouilles hijo “fue un multifacético colaborador, dibujante y pintor de notable talento. Colaboró con Emiliano Mac Donagh y con Raúl Ringuelet en la ilustración de trabajos sobre ictiofauna nativa y llevó adelante restauraciones de obras pictóricas, vitrales, guardas y dibujos para las salas del Museo. Aun hoy puede contemplarse dos de sus trabajos en exhibición en la sala de Paleontología Invertebrados”, destaca Faiad.

En el Museo trabajaron otros ilustradores importantes, como Francisco Vecchioli, cuyos óleos aún forman parte del patrimonio pictórico de la institución, junto con los de Manuel Suero y Oscar Saffore, de los que lamentablemente no se conservan trabajos.

Margarete Von Büllow, ilustradora de origen alemán, “también realizó ilustraciones de gran calidad y precisión, destacándose las de arácnidos para el Doctor Cándido de Melo Leitao, Max Biraben y aportes en ictiología para Emiliano Mc Donagh”.

Otra figura importante entre los ilustradores científicos del Museo, agrega Faiad, fue María Angélica Moreno Kiernan quien durante la década de 1950 desarrolló una serie de estampas en técnicas de xilografía y aguafuerte con el temario de Zoología, Botánica y Entomología, cuyo objetivo logró “contribuir a la formación de un archivo para divulgación científica y cultural de la institución”.

El último sucesor de la familia Tremouilles, Carlos Ricardo, continuó con la tradición quedando a cargo del área en 1984, “dejando la impronta de sus trabajos en cartografía, esquemas, ilustraciones y logotipos diseñados para las divisiones, Investigadores, actividades y congresos hasta su retiro en el año 2013”, concluye Faiad.

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